|
Marques, el ex-presidente del templo espírita hablaba a
su compañero:
- Tendremos asamblea general pasado mañana y estoy
recopilando los documentos.
Veremos quién puede más. Desmoralizaré a los holgazanes.
Y Osorio, el amigo fiel, alegaba:
- Tenga más calma. UD., fue presidente durante muchos
años, siempre respetado, siempre querido. Recordemos
nuestras reuniones. Nuestro amigo Díaz da Cruz, al que
UD. conoció tan de cerca cuando todavía estaba en este
mundo, prometió ayudarlo hasta el final...
- Sé que estoy protegido – decía Marques, tocándose
nerviosamente la barba blanca – pero voy a poner las
cosas claras. La dirección fue tomada por asalto. Son
muchos los que quieren hacer de esta casa un plato
sucio.
- Marques, la ironía es un veneno.
- Tengo fotocopias, fotografía, informaciones y muchos
papeles importantes para mostrar el pasado de esos
oportunistas. Todo el material será exhibido en la
asamblea.
Algunos de esos compañeros descarriados pueden merecer
la cárcel.
- ¡Medite, Marques, medite! – pedía Osorio- Lo que pasó,
pasó... remover el fondo de un pozo es hacer lodo. Ore.
Pida el amparo de lo Alto.
Y, por invitación del
amigo, los dos se pusieron a orar, rogando protección
espiritual.
Luego regresaron a la casa de Marques, donde Osorio
vería la forma de restar valor a las pruebas.
Al buscar la carpeta de documentos, el dueño de casa oyó
de la sirvienta, que había ingresado el día anterior, la
extraña explicación:
- Señor Marques, todos los papeles que UD. dejó
desparramados sobre las sillas, con fotografía y diarios
viejos, se los entregué al basurero cuando pasó por aquí
el camión.
- ¡Dios mío! – gritó el anciano, cruzando las manos
sobre su cabeza, ante Osorio que sonreía - ¡era el
trabajo de ocho meses!
Y la joven replicó ingenuamente, sin saber que estaba
dando la definición moral:
- ¡Pero era mucha
suciedad!...
Extraído del E.S.D.E
|