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Jesús sonrió y preguntó de nuevo:
¿Y el alfarero, qué hace para realizar la tarea que se propone?
- En verdad Señor, - replicó el pescador intrigado - modela el
barro imprimiéndole la forma que desea.
El Amigo Celeste, con la mirada compasiva y fulgurante,
insistió:
- ¿Y cómo procede el carpintero para alcanzar el trabajo que
pretende?
El interlocutor, muy simple, informó sin vacilar;
- Labrará la madera, usará la suela y el serrucho, el martillo y
el formón. De otra manera no podrá devastar la pieza bruta.
Se calló Jesús por algunos momentos y luego dijo:
- Así es también el hogar ante el mundo. El nido doméstico es la
primera escuela y el primer templo del alma. La casa del hombre
es la legítima forjadora del carácter para la vida común. Si el
comerciante selecciona la mercancía, si el ebanista no consigue
hacer una barca sin ajustar la madera a sus propósitos, ¿cómo
esperar una comunidad segura y tranquila sin que el hogar se
perfeccione?. La paz del mundo comienza bajo el techo que nos
acoge. Si no aprendemos a vivir en paz entre cuatro paredes,
¿cómo esperar la armonía entre las naciones?. Si no nos
habituamos a amar al hermano mas próximo, aquél que está
asociado a nuestra lucha de cada día, ¿cómo respetar al Padre
Eterno que nos parece distante?
Jesús pasó su mirada en la modesta sala, hizo un pequeño
intervalo y continuó:
- Pedro, encendamos aquí, en torno a los que nos solicitan la
asistencia fraternal, una claridad nueva. La mesa de tu casa es
el hogar de tu pan. En ella recibes del Señor el alimento para
cada día. ¿Por qué no instalar, a su alrededor, la simiente de
la felicidad y de la paz, en la conversación y en el
pensamiento?. El Padre, que nos da el trigo para nuestra
despensa, a través del suelo, nos envía la luz a través del
Cielo. Si la claridad es la expansión de los rayos que la
constituyen, la abundancia comienza en el grano. Por esta razón
el Evangelio no se inició sobre la multitudes, y sí en el
sencillo domicilio de los pastores y de los animales.
Simón Pedro fijó sus ojos, humildes y lúcidos, en El Maestro y,
como no encontraba palabras adecuadas para explicarse, murmuró
tímidamente:
- Maestro, se hará como deseas.
Entonces Jesús, convidando a los familiares del apóstol a la
conversación edificante y a la meditación elevada, desenrolló
los escritos de la sabiduría y comenzó, en la Tierra, el primer
culto cristiano en el hogar.
("Jesús en el Hogar", ED. FEB, Neio Lucio - Francisco Cándido
Xavier). |